Una imagen bien definida redunda en beneficios capitales para la institución, a saber: identificación, diferenciación, referencialidad y preferencia por parte del entorno.
Son muchas las variables sobre las cuales se puede trabajar. En lo que refiere al uso del espacio arquitectónico, su distribución, decoración, y ambiente, la empresa puede brindar una sensación de confort y distinción si cuida todos los aspectos relativos a su gestión.
Por otro lado, el uso y presencia de logotipos, colores, sonidos, uniformes y terminologías propias visten a la organización y le otorgan una marca que la posiciona en el mercado de determinada forma. Lo principal en este sentido es crear sinergia entre todos los medios y mensajes utilizados para brindar una imagen sólida y unificada.
En este sentido es igual de necesario proyectar una imagen en absoluta coherencia con el discurso organizacional. De nada sirve aparentar una realidad si cuando el cliente se enfrenta a la empresa no encuentra las promesas efectuadas y se desilusiona respecto a sus expectativas previas.